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Martes, 19 de julio de 2005


Texturas

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Dices bien. Para conocer la verdad hay que ir más allá de las apariencias. Mucho más allá.
Hay que ir donde ya no hay máscaras, donde ya no hay temores, donde cada cual puede ser quien es, sin miedos, sin vergüenzas.
Pero hay un punto en que no estamos de acuerdo. Los dedos del alma si transmiten texturas. Hay texturas ásperas, como de madera, cálidas pero rasposas. Las hay suaves como la seda, pero resbaladizas. Las hay pegajosas, como de goma. Pero también las hay cálidas, envolventes, suaves y protectoras.

El no poder haber estado contigo, en nuestra isla, ha sido muy a mi pesar. ¿Cómo explicarte la locura en gente y escasez de tiempo que suponen los días del fin de semana en la realidad?
Sé que puedes entenderlo, sé que sabes leerme.
No estoy lejos, estoy cerca, muy cerca, dentro de ti, en tu alma.
Precisamente por que somos libres en nuestra isla, puedes sentirme cerca tuyo aunque estemos lejos. Estoy ahí aunque no esté y esto me permite estar allí cuando, en realidad, estoy aquí.
Hay algo que quiero que sepas.
Cuando vuelvo la vista atrás, veo que gran parte de mi vida se ha limitado a esperar. A esperar a que alguien saque dentro de mí, esa parte que tengo, que sólo quiere querer.
Desde que comenzamos nuestro viaje, he podido advertir una variación; noto que me gustaría caminar a tu lado, porque intuyo que puedo hacerlo sin sentir miedo al futuro, mientras hablamos.
Me gusta hablarte, ¿sabes?, no quiero dejar de hacerlo, porque hablarte me da la vida, me hace sentir que nazco de nuevo, que vuelven a existir en mi todas aquellas personas que algún día me habitaron, que algún día fueron mi principio. Me gusta hablarte cuando me desvelo, te cuento mis cosas y te susurro esta carta. Te toco con mi voz y allí donde termina mi voz, encuentro un poema susurrado.
Te necesito todo, vertical y horizontal, hablándome con voz cálida, para que el significado de una sola palabra tenga sentido
¿No te has dado cuenta que el tiempo que vivimos aquí tiene un tiempo propio?. El reloj se acelera.


Escrito por ainhn El 07/19 a las 17:33
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“Precisamente por que somos libres en nuestra isla, puedes sentirme cerca tuyo aunque estemos lejos...”
Puedo sentirte cerca manteniéndome en nuestra isla, tratando de que no se me escapen los segundos, una vida está construída de segundos. Necesito, como tú, que cada palabra me toque, para poder descubrirte más y más.
Ayer leía en un poema:
“¿Cómo será el mar sin ti?
¿Se convertirán en arena mis recuerdos?”
Recorrí parte de nuestra isla. Encontré junto a una pared que bordeaba mi camino un manantial... agua fresca, pura, casi se sentía como hacían cosquillas en la lengua las burbujas.
Más adelante se abrió el bosque para permitirme ver un lago. Sentí que me llamaba. Quería sumergirme en él.
Supe que te buscaba en el paisaje, como siempre me pasa.
Necesito tus ojos. El manantial que ha de nutrirme y calmar mi sed de ti, guardado en tu ojo derecho. Mi refugio, en el cual proyectarme y entregarme, en tu ojo izquierdo.
Ahora recuerdo que ayer (fue ayer para mí, el reloj no existe, se acelera, se detiene, es presente siempre, definitivamente vivimos en un tiempo propio) decías: ”Hoy en nuestra isla, en la playa, al sol, te miro a los ojos”. Nunca podré explicarme con esa herramienta defectuosa que es la mente si quedó la frase grabada en mí, o estamos soñando un mismo sueño, en donde se encuentren nuestros ojos y los susurros resuenen en el corazón, puedan palparse, hagan vibrar nuestros sexos, y como novas estallemos en un sol único.


Comentario de Equis el el 07/19 a las 18:11

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